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Manifestación contra la impunidad, o manifestación impune?


(The University of Sheffield)

Manifestación pacífica, marcha, plantones y bloqueos no son sinónimos. Desafortunadamente, la idea de un derecho a la libre manifestación en México ha sido ya incorrectamente asociada a dichas acciones, propiciando actos de vandalismo.

La Ciudad de México es, sino el semillero, el lugar por excelencia para la realización de marchas y manifestaciones. Desde asociaciones políticas, pasando por organizaciones de la sociedad civil, hasta grupos de ‘reggaetoneros’ hacen suyo el derecho de reunirse, marchar y protestar a lo largo del D.F. Y es que, es sumamente cierto; sin libertad de expresión, análisis, discusión y manifestación, ninguna sociedad puede avanzar para alcanzar el bien común.

Hablando específicamente del derecho a la manifestación, éste es un derecho que toda sociedad debe gozar; es una obligación de todo gobierno democrático y una garantía de buena gobernanza. Por ello, como lo hicieran por primera vez las constituciones belga de 1831 y la francesa de 1848, la ley Mexicana debe proteger, promover y garantizar el derecho de asociación, petición y manifestación de ideas por medios pacíficos. Ha sido gracias a manifestaciones que se han logrado cambios sociales importantes alrededor del mundo. Por ejemplo, la marcha por los derechos civiles en Washington en 1963 dónde Martin Luther King Jr. pronunció su famoso discurso ‘Tengo un sueño’ (“I have a dream” en inglés) o las manifestaciones para lograr el voto a las mujeres en Estados Unidos.

Sin embargo, el derecho a la manifestación no debe ser usado para justificar actos que atenten contra el estado de orden y paz públicos. Es muy cierto que en su artículo 9º  la Constitución Mexicana establece la libertad de asociación pacífica con un objeto lícito. Sin embargo, el artículo 6º de la propia Constitución menciona también que dicho derecho está sujeto a que no se ataque a la moral, los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público. Hablando de convenciones internacionales, la Convención Americana de Derechos Humanos, reconoce el derecho de reunión, siempre y cuando éste se dé de forma pacífica, sin armas y sin alterar la seguridad y orden públicos.

Si consideramos lo anterior, el pasado Sábado fuimos testigos del movimiento #1Dmx, un movimiento que comenzó siendo pacífico pero que se convirtió o desintegró en una protesta violenta, fuera de control, usada en contra de propiedad pública y privada, y del orden público. La manifestación, que de acuerdo a algunos de los participantes se realizaba en contra de la impunidad en la ley electoral, inició como un movimiento de carácter pacífico alentado por asociaciones como la del movimiento #Yosoy132 y la Sección 22 de profesores de Oaxaca. Sin embargo, con el paso del tiempo, y dada la propia desorganización de la manifestación; individuos, actores y grupos de choque de fuera y dentro de #YoSoy132 hicieron -en palabras de Cesar Colín uno de sus representantes- uso de la violencia como método de discurso político.

A pesar de que la Asamblea integrante y organizadora de dicha ‘operación’ –como llamarón a la manifestación del día 1 de Diciembre– emita comunicados y llame a ruedas de prensa donde se deslinda de toda actividad ilícita o violenta en dicho día, el hecho de que ciertos participantes de dicha manifestación –miembros o no de #132– actuaron en hechos ilegales, es innegable. Con camiones incendiados, ataques a la autoridad, destrucción de cajeros automáticos, ataques a automovilistas y pintas a monumentos históricos entre otros daños, la actuación de los cuerpos policíacos no sólo era necesaria, sino demandable.

Muchos, principalmente los organizadores del movimiento y medios de comunicación afines a él, hablan ya de represión policial, de un operativo de seguridad torpe y de un uso de fuerza desproporcionado. Sin embargo, cual era entonces la respuesta que se esperaba por parte de las fuerzas del orden frente a tales hechos vandálicos? Como ciudadanos buscamos siempre la efectividad policiaca frente a un robo o cuando grupos del crimen organizado incendian tráileres y bloquean avenidas. Por qué entonces defender a quienes atacaron el orden público? Por qué mientras se manifiesta contra la impunidad se exige ahora dejar impunes los resultados de una manifestación vandálica? 

No se trata de ir en contra de organizaciones sociales, puesto esto sería condenable. Tampoco sería correcto decir que el desarrollo de manifestaciones organizadas por organizaciones sociales como #yosoy132 es el problema, pues es gracias a estos movimientos que existe una mayor diversidad de opiniones en lo que Habermas llama la esfera pública. El problema es la inherente desorganización de manifestaciones como la del #1Dmx, carentes de una claridad en sus objetivos, participantes, organización y fin último. 

Lo anterior sólo lleva a confundir y a defender puntos antagónicos: mientras inicialmente organizaciones como #yosoy132 se desligaban de los responsables de actos vandálicos, las mismas organizaciones terminan defendiendo a los encapuchados e incitadores presos quienes ahora son considerados ‘compañeros’ del movimiento.  


Why did PRI return to power?



By Ramón I. Centeno
(The University of Sheffield)

Not so much time ago, any future PRI’s comeback seemed inconceivable. Its 2000 defeat seemed irreversible and its death, just a matter of time. So how to explain that the PRI is again on the driver’s seat after being declared terminally ill? Its return possibly signals an interrupted political continuity, which was resumed after a while... with something happening in between: a twelve-years PAN-led interregnum marked by a political earthquake that led us to the bloodshed of the War on Drugs. No doubt a new political equilibrium was reached, and a new Mexico is coming.

One is intuitively tempted to see such PRI revival through old good Marx’s lenses: “first as tragedy, then as farce.” In this sense, a new (farcical) PRI government would only be its last empirical test before its definite death. However intellectually appealing this image might be, it seems more appropriate resorting to Latin American magical realism: "When [s]he awoke, the dinosaur was still there."[i] The uncomfortable truth is that the PRI-nosaur never left though we loved to think so: and no remainder philanthropy is left in its genes. (Octavio Paz, Mexican poet, Nobel laureate on literature, defined the classic PRI’s regime as a “philanthropic ogre.”) The neoliberal version of the old ogre is here to stay.

After all, even in his years out of the Presidency, the PRI never ruled less than half of the Mexican states, and in 2012 is governing 20 out of the 32. We have finally woken up from the illusion and when the truth was becoming apparent, the student movement #YoSoy132[ii] emerged in the middle of the 2012 electoral campaign. Peña Nieto had been the unacknowledged official candidate of Televisa, the main TV broadcaster in the country. Opposing this, a new generation of activists rebelled against the capitalist monarchy in the Mexican media. (Certainly, what are the merits of Televisa’s CEO Emilio Azcárraga to lead that company? Is it he the most suitable professional to deliver information to he Mexicans? No. He is simply “the heir”, as in any kingdom that deserves decapitation.) But here, as in a sad reminder of the prevalent Mexican middle-class sensibilities -let us compare to phenomena such as Occupy Wall Street- #YoSoy132 was also a deep critique to capitalism… without noticing it: was not it a condemnation of the private property over all that, which for being part of the common interest, should not have to be owned by a single individual?

The dramatic question is: Why did PRI come back to power? Certainly not only due to failed PAN administrations. At a large extent, because they kept their presence among the popular classes, their larger-than-life expertise. Their tradition of “popular contact”, although weaker is still effective: and they have no serious opponent at this level. Reluctantly both the PAN and PRD-led coalition have tried to copy PRI’s master model. Overall, the PRI has proved the most experienced and trustable guardian of Mexican crony capitalism. This party had enough machinery to spread its promise of order as opposed to Calderón’s mess. And Televisa’s complimentary support was not insignificant at all.

If this was not enough, the day of the election there were many reports of vote buying by PRI operatives. And although it is true that the electoral system showed ineptitude to deal with these allegations, it is truer that it is worthless having a flawless electoral body if it is only destined to count corrupted ballots. Maybe the lesson is that PRI’s legacies can only be rooted out in its terrain: with “the people.” Otherwise any novel and well-intentioned democratic institutions, such as the Mexican ones, will eventually be under siege by the regime, still anchored in PRI’s traditions.

However, if one goes to “the people”… is to say what? Any answer to this question reveals how useless is supporting the ex PRI’s cadre and two-times PRD presidential candidate López Obrador whose political program can be fairly described as a utopian neoliberalism “with a human face.” And this is the other explanatory variable in regards to PRI’s reinassance: the so-called leftist PRD has consistently showed a remarkable inability to present an alternative to both neoliberalism and the war on drugs. This party has largely been reduced to parasitic politics: an attitude of “wait and see” the actions of both PRI and PAN in order to criticise them without offering anything instead. The latter is a political void that only a new left can fill. Will this happen?


[i] This is a short tale by Augusto Monterroso.
[ii] This tag was the Internet’s identity that the participants adopted, meaning “I am the number 132”, in response to a video where 131 students defended their protest against Peña Nieto.

Suicidio imprudencial

Israel Aguilar Márquez
The University of Sheffield

En el ámbito político, la traición es un comportamiento recurrente a lo largo de la historia de la humanidad. Una apología de esta conducta, que en otros contextos podría calificarse como reprobable, fue articulada por Denis Jeambar e Yves Roucaute. Ellos definen la traición en el contexto político como el arte de gobernar por medio de la negación. El gran traidor en la democracia es el hombre de Estado pragmático que privilegia el logro de objetivos antes que el seguimiento dogmático de ideologías. La traición es un mecanismo que permite adaptarse a la realidad social para establecer y conservar relaciones interpersonales y afrontar dificultades. La traición es la negación deliberada a ideas, conceptos y actos para obtener ventaja y alinear sus intereses con las percepciones del gobernado. Una traición se legitima por sí misma, no necesita ser justificada ni defendida. La traición es indispensable para la obtención y el ejercicio del poder político.
Antonio Attolini, ex-vocero de la asamblea local del ITAM del movimiento #yosoy132, esta semana fue objeto de críticas en distintos medios. Attolini hizo pública la invitación que Genaro Lozano, profesor del ITAM, le había realizado para colaborar en un programa de análisis en Televisa. Así, a partir de la difusión de la noticia, se calificó a Attolini de incongruente, oportunista y traidor. Attolini ofreció una entrevista al portal adnpolitico.com, donde colabora desde hace un par de meses, para exponer sus ideas. Sin embargo, las contradicciones entre sus argumentos impidieron otorgarle validez a su justificación. Por un lado, menciona las aberraciones de Televisa y, por otro lado, la noticia de su incorporación en dicha empresa como analista.
Existen dos aspectos interesantes en la entrevista. En primer lugar, la reiterada justificación de sus actos. Attolini es consciente de su «traición», y lo hace por medio de la negación a una ideología preponderante. En sus propios términos: «el asunto no es ser panfletario ni ser ideológico». Desde su perspectiva, sus acciones son congruentes debido a que continuará con su crítica, ahora desde las «coordenadas» de Televisa. En segundo término, llama la atención la percepción que tiene de sí mismo. Attolini, quien se define como locutor, mariachi y mago, ahora no duda en llamarse «científico social» e «intelectual orgánico», en los términos de Antonio Gramsci. Considera su participación en el programa como un asunto de «pedagogía mediática» y este espacio le permitirá «magnificar su discurso». Sin embargo, lleva su perspectiva a extremos autoritarios cuando asegura (siempre hablando en plural): «ahora somos nosotros los que tenemos el monopolio de la información, para posicionar los temas como nosotros queremos».
El domingo 28 de octubre de 2012 se transmitió finalmente el primer programa de «Sin Filtro». El tema que guió la discusión fue la democratización de los medios de comunicación en México. Lo que hay que destacar es que utilizaron todo un bloque del programa para contestar las críticas vertidas en las redes sociales y para desmarcarse del movimiento #yosoy132, Attolini excusándose en el hecho de que fue expulsado por la asamblea local del ITAM. Sin embargo, el programa no generó mayor debate, ideas o propuestas novedosas.
Antonio Attolini leyó adecuadamente el contexto y actuó en concordancia: capitalizó un movimiento juvenil sin una organización formal, para obtener beneficios individuales, resguardándose en la falta de memoria histórica que caracteriza a la sociedad mexicana. Sin embargo, no consideró que su público objetivo sería el mismo que seguirá realizando las críticas más severas hacia su persona. Así, este intelectual orgánico inicia formalmente su trayectoria en los medios de comunicación masivos sin uno de los recursos indispensables para desarrollarse en ese ámbito: la credibilidad. De esta manera, la traición es un instrumento que le permite al hombre de Estado, al gobernante y al político, conseguir la hegemonía en un contexto de alta incertidumbre y competencia. Es un medio que favorece la consecución de objetivos, la preservación del Estado y el orden público. Sin embargo, en las manos de mercenarios del poder, la traición podría generar resultados tan incongruentes como un suicidio imprudencial.